I’m doing an online course on video game music and this is the first assignment, writing a theme for a town.

The town I had in mind is a peaceful one, but it has recently been through tragedy and it’s still recovering from it. It could be a second or third town in a JRPG.

Este año se celebra el 40 aniversario del lanzamiento de El vampiro de la colonia Roma de Luis Zapata, así que me decidí a leerlo tras haber escuchado y leído muchas cosas buenas sobre él. Y efectivamente, ya entiendo por qué es un clásico y por qué causó tanta controversia en 1979.

Adonis García, un huérfano que tiene que recurrir a la prostitución para sobrevivir, es un protagonista con una voz fresca y original, incluso para estándares de 2019. Lo que lo hace muy interesante de leer es que disfruta su sexualidad plenamente, sin remordimiento o culpa. Aún hoy en día es muy común leer o ver historias donde los personajes gays viven atormentados por sus deseos sexuales, en un melodrama de confusión y autoflagelación. Adonis es un grato respiro a este cliché, revolucionario en su momento incluso. El sexo homosexual en este libro se maneja sin tabúes ni connotaciones inmorales, algo muy disruptivo para su tiempo.

La novela está estructurada en capítulos que corresponden a cintas de audio donde el protagonista se explaya sobre su historia personal y vida diaria. El monólogo de Adonis es ágil, ameno y muchas veces gracioso. De hecho el texto carece de puntuación, logrando un efecto convincente de estar escuchando a una persona real hablando. Tal vez mi única crítica con esto sería el uso de muletillas, algunas veces excesivas y distractoras.

Una trama como tal no existe; lo que se nos presenta en El vampiro es una serie de anécdotas y relatos cotidianos sin un conflicto central que guíe la historia por los puntos narrativos convencionales. Lo que sí se logra es obtener una visión general de la vida homosexual en la Ciudad de México/DF, pre-internet y pre-VIH, así como la actitud general de la sociedad al respecto.

La importancia del sexo y las dificultades que conlleva encontrarlo es un tema siempre presente en la novela. Durante esta época, conocer a otros hombres era un reto que involucraba aprender un lenguaje de comunicación no verbal (miradas, poses y actitudes), conocer y responder a las señales e identificar los puntos de encuentro; todo esto mientras se evade a la autoridad que reprendería estos comportamientos. Sabiendo jugar el juego, Adonis libra todos los obstáculos para acostarse con otros hombres, por trabajo, diversión, convivencia o simplemente para escapar de la realidad.

A pesar de las adversidades que atraviesa constantemente, como quedar huérfano o adquirir infecciones de transmisión sexual, Adonis parece nunca perder su optimismo. La prostitución como forma de ganarse la vida se presenta como una elección, algo incluso disfrutable. Pero Zapata no idealiza este estilo de vida; las ganas de vivir libremente y sin dirección cobran factura en la salud de Adonis, quien cae en el alcoholismo y la depresión al enfrentarse la incertidumbre de su futuro. En las últimas cintas se revela el tremendo sufrimiento por el que atraviesa, incluso temiendo por su vida si sigue así.

El final queda abierto, sin una respuesta sobre qué hará nuestro protagonista más adelante en su vida cuando ya no pueda vender su cuerpo. Es un sobreviviente en el paisaje urbano del México conservador del 79, una pieza de un rompecabezas más grande. Afortunadamente, aunque la vida no le favorezca y habite al margen de la sociedad, Adonis nunca se presenta como una figura trágica (ni aspiracional). Simplemente es un hombre siguiendo sus impulsos y sus propias reglas, afrontando las consecuencias de salirse del prototipo del hombre tradicional mexicano.

En 2019, leer El vampiro es asomarse a una ventana al pasado, donde podemos comprobar cuánto hemos avanzado en materia de visibilidad, aceptación y derechos. Los cambios sociales han brindado a la comunidad LGBT+ más apertura para vivir su vida abiertamente, ya no excluidos de la sociedad sino como parte integral de ella. Salir del clóset ya no es algo impensable y conocer a otras personas gays ya no es el reto que era anteriormente. ¿Cómo sería la vida de Adonis si hubiera crecido en esta época? Tal vez más feliz…

Educated: A Memoir by Tara Westover is a tough book to read, not because the form of the text itself is complicated, but because of the uncomfortable, sometimes disturbing, abusive situations we experience through Tara’s eyes. However, this also makes it very inspiring and hopeful when we see her flourish and grow up against all odds. As the title says, the book is nonfiction and deals with the author’s life growing up in a (mostly) secluded Mormon family in Idaho. Homeschooled and sheltered, Tara does not get to know the “real world” until she goes to college, after overcoming her family’s wishes. She has to ultimately face the difficult choice of following the path her family wants for her or creating her own.

From the get go, Tara makes it is clear that this family’s way of life heavily revolves around religious teachings and these ideals are to be followed and cherished above all else. Tara’s father is the unquestionable patriarch of the family and his beliefs shape the lives of his wife and children to a sometimes dangerous degree. One of the first things we learn about them is that before the year 2000, the family is constantly reminded of the incoming end of the world and that they should prepare for it by saving up food. After New Year, though, the paranoia ends abruptly when the world doesn’t actually end, and the previously foreboding issue is never mentioned again. Reality is malleable for Tara, her father bends and shapes her world and she, not knowing better, willingly follows.

Modern medicine and medical are is strictly forbidden by Tara’s father and this leads to disturbing consequences. A car crash where her mother suffers a severe head injury is particularly upsetting to read.  Even when she finally leaves home, Tara’s internal monologue makes it clear that her trauma and emotional wounds still haunt her. She has been conditioned to accept and endure pain and suffering.

Mormon girls are not supposed to want anything other than to be housewives and have lots of children. Women are taught to surrender to men and males get the privilege to order and subjugate their wives or even other female relatives. When Tara reaches puberty, her brother Shawn becomes a constant threat, with their interactions reading like a horror story. Misogynistic and cruel, he bullies and abuses Tara physically and psychologically whenever he has the chance. Him acting kind from time to time leaves Tara confused and unable to completely hate him. Her parents won’t believe or acknowledge the situation and thus Tara is gaslighted into thinking it’s her fault. She undeservingly gets called a “whore” and a “slut” but she cannot complain. Westover describes this dynamic of abuse in such a detailed way that we understand why she bottles up and prefers to keep quiet.

Through curiosity and sheer will, Westover realizes she deserves a better life. She sneakily reads science and math books and even gets to take dance lessons (using clothes that cover her up completely), but she is always questioning if she deserves to do what she wants. This is the frustrating main theme of the story. Emotional abuse is something that you carry with you through all your life and growing out of it is a painful, constant process.

Tara eventually gets into college and studies abroad, but her family is always on her mind in one way or another. A phone call or an email from them has the power to reawaken feelings of self-deprecation and shame. She sees herself as an impostor, undeserving of being around other more well-adjusted students. Her achievements are not something her family approve or are proud of, but are rather actually used to shame her from straying away from her loving home and religion. What makes it all more complicated is that she truly, really loves her family, but they are not good for her. Fortunately, two of her brothers who also left home come to support her eventually.

It is satisfying to learn Tara has come very far from where she began, but there is no true happy ending to the story. Growing up and finding yourself is an ongoing process. Our upbringing shapes us, but does not ultimately define us. We cannot let others dictate our path because happiness and life fulfillment come from knowing and nurturing our true self, even if it is irreconcilable with others’ beliefs. Sometimes there is no middle ground and we may have to decide if the people that love us but restrain us from achieving happiness are worth to keep around.

I was in Mexico City for some days and these are some pictures I took with my phone. This was my first time going to the Soumaya, Jumex, Memoria y Tolerancia, MUNAL, and Franz Mayer museums, and I would recommend visiting all of them.

I really enjoy de wide array of cultural experiences and expressions you can only get in CDMX. Definitely inspiring.

Como muchos niños creciendo en los 90’s, yo era un ávido consumidor de televisión, especialmente de caricaturas. Era súper fan de las Tortugas Ninja, Tiny Toons, Garfield y sus amigos, entre otros. Pedía a mis papás que me compraran juguetes, peluches, videojuegos e incluso piñatas de mis personajes favoritos.

También veía algunos anime cuando todavía no se utilizaba el término aquí. Notaba una diferencia en sensibilidades y tipos de historias que se contaban, con arcos narrativos más grandes y personajes más complejos comparados con la animación tradicional estadounidense. Los Caballeros del Zodiaco, en especial, me fascinaban. Todos los sábados estaba pegado a la pantalla esperando el siguiente capítulo de mi telenovela sangrienta. Cuando jugaba con mis primos, yo imaginaba que era Hyoga con sus poderes de hielo y armadura de cisne.

Shun reviviendo a un Hyoga congelado utilizando su calor corporal. Esta escena provoca reacciones homofóbicas en algunas personas.

Nadie quería ser Shun, el más afeminado y andrógino del grupo, con su armadura rosa y poderes mayormente de protección. Incluso hoy en día hay cierto desprecio hacia este personaje, siendo objeto de ridiculización en memes, al igual que Afrodita (otro personaje afeminado). Lo curioso es que dentro de la serie estos personajes nunca fueron objeta de burla por su manera de ser, la homofobia se presentaba fuera del televisor.

Sailor Moon llega a México

La “Disney” de Oriente, periodismo de primera

En 1996, se estrenó Sailor Moon en el programa sabatino infantil “Caritele” de TV Azteca. Después del icónico y surreal opening, quedé inmediatamente fascinado… y algo confundido de que me gustara tanto. El programa se presentaba como una serie dirigida al público infantil femenino. Su protagonista Serena (usaré los nombres y términos del doblaje latino) no encajaba en el molde tradicional de súper héroe. Era una niña llorona que le iba mal en la escuela y prefería jugar videojuegos y leer manga; pero eso sí, su empatía y cariño por las demás eran su gran virtud y al transformarse en Sailor Moon se convertía en la líder del grupo.

A pesar de que no iba intencionalmente dirigido hacia mí, no podía quitar mis ojos de la pantalla. Lo novedoso del programa (para estándares de los 90’s) era que las protagonistas eran todas mujeres, cada una con una personalidad claramente definida, poderes únicos y color característico. Particularmente me sentía identificado con Amy, una “nerd” preocupada por estudiar y obtener buenos resultados en la escuela. Era tímida y retraída, pero poseía un gran intelecto que era de gran ayuda para el grupo.

En mi primaria los niños no hablaban de Sailor Moon con el mismo entusiasmo que otras caricaturas. Algunos afirmaban que solo lo veían por las transformaciones donde presentaban sus siluetas desnudas. A mí también me fascinaban e hipnotizaban las transformaciones pero por otras razones: por el dinamismo de la animación, los colores, la música, los trajes, las poses. Como no quería ir en contra del pensamiento colectivo mejor afirmaba que veía la serie solo para ver “viejas encueradas”.

Sailor Moon fue un fenómeno mundial. Las niñas (y algunos niños) disfrutaban de una serie donde ellas también podían ser superhéroes y participar en historias donde no tenían que ser salvadas. La feminidad nunca era un obstáculo, al contrario, las Sailor Scouts asumían plenamente su feminidad sin intentar actuar como los héroes tradicionalmente masculinos. Precisamente esto último era lo que más resonaba conmigo, podías ser heróico y seguir siendo tú mismo, sin tener que fingir ser un macho. En su momento no podía verbalizar este pensamiento, así que seguía viendo el anime sin compartir mi gusto por él con nadie, por temor a ser ridiculizado. Yo mismo me limité en expresar mi gusto por la serie y a esa edad no tuve ninguna figura u otro tipo de merchandise que evidenciara mi fascinación con ella.

La primera temporada sufrió algunos cambios en su adaptación al doblaje latino. El guion tomó como referencia el doblaje estadounidense, el cual cambio algunos nombres de personajes o conceptos para hacerlo más accesible al público occidental. También borró la primera pareja homosexual de la serie. En japonés, los villanos Zoisite y Malachite eran dos hombres en una relación amorosa. En México, Zoisite fue doblado y mencionado como mujer y por ende estaba en una relación heterosexual. Probablemente nadie supo ni le importó este cambio, pues finalmente no afectaba en nada al entendimiento de la trama.

Sailor Scouts lesbianas

Power couple

La tercera temporada introdujo a los primeros personajes LGBT+ oficiales en el doblaje latino (tras la decisión de ya no seguir los cambios del guion gringo). Haruka y Michiru, Sailor Uranus y Neptune respectivamente, eran las nuevas Sailor Scouts, más maduras, mucho más poderosas, con un increíble tema musical y también eran lesbianas.

La primera interacción de Haruka con las demás chicas causa una gran confusión en el grupo de amigas. Haruka tenía una predilección por usar ropa masculina (incluso su uniforme escolar era el que usaban los hombres), su voz era grave, gustaba del motociclismo y los autos deportivos y se le veía comúnmente coqueteando con mujeres. Serena y Mina se sienten inicialmente atraídas por ella, pensando que es un chico guapo. Eventualmente descubren la verdad y quedan decepcionadas, aunque en episodios subsecuentes algunos personajes siguen remarcando que Haruka es muy guapa.

Michiru se presenta como una joven violinista profesional sofisticada, educada, reservada, muy inteligente y también muy femenina. Su relación con Sailor Uranus no se menciona explícitamente con la palabra “lesbianas”, sin embargo todos los personajes entienden que se aman la una a la otra. Nadie las juzga por ello, ni hacen burla de la masculinidad de Haruka. Al contrario, son respetadas y admiradas.

El anime, aun en su versión original, no muestra un beso entre la pareja o alguna mención explícita de su relación lésbica. Esto probablemente se deba a que Japón no es realmente muy gay-friendly y prefirieron autocensurarse en este aspecto. Sin embargo, momentos de ternura e intimidad entre ellas dejan claro el mensaje.

Así fue como en 1998, a mis 11 años, estuve expuesto a la primera pareja homosexual en una caricatura. Recuerdo sentirme muy intrigado por el concepto de dos mujeres que podían ser pareja y también heróicas y respetadas; donde su sexualidad o expresión de género no era motivo de exclusión. Al principio trabajaban en solitario por decisión propia, pues creían que eran las únicas responsables de salvar al mundo y que nadie entendería su misión, mas eventualmente se unieron al grupo de Sailor Moon y entre todas salvaron el día al final de la temporada.

Para la última temporada la pareja incluso forma una familia adoptando a Hotaru, una niña que es la reencarnación de Sailor Saturn. Además de Haruka y Michiru, Setsuna (Sailor Pluto) también participa como una tercera mamá.

Una familia diversa

Personalmente no recuerdo ningún tipo de controversia al respecto, tal vez porque había menos gente viéndola o simplemente porque los padres de familia o los medios no prestaban atención por ser algo para niñas. Y aún así yo sentía que ya no debñia de ver la serie. Estaba entrando en la pubertad y aceptar que veía una serie para niñas podría haber sido suicidio social. Yo ya era muy antisocial y no quería bajar más mi nula popularidad. Así que ver Sailor Moon se convirtió en un acto a puerta cerrada.

Sailor Scouts trans

Más diversidad

La quinta y última temporada de Sailor Moon trajo consigo un trío de personajes fuera de lo común para una serie infantil, las Sailor Starlights. Estados Unidos ni siquiera dobló esta temporada por no saber cómo manejarlas. Inicialmente se presentan como Seiya, Taiki y Yaten, unos chicos que conforman un grupo musical llamado Three Lights. Para combatir a los villanos, revelan su verdadera identidad como las Sailor Starlights, sus alter egos del sexo puesto. Sus secuencias de transformación mostraban cómo literalmente sus cuerpos masculinos se transformaban en femeninos. Al igual que Sailor Uranus y Neptune, las nuevas Sailor Scouts eran muy poderosas, inicialmente aisladas pero aún así heróicas y con un muy buen tema musical para rematar.

Aunque la dinámica entre las Sailor Scouts y las Starlights parece un refrito, hay una diferencia clave: Seiya, o Sailor Star Fighter, tiene una relación de amor no correspondido con Serena. Pero esta última no lo rechaza por su verdadera identidad, sino porque ya tiene novio. Y es aquí donde de nuevo se la expresión (y transición) de género no repercute en lo que un personaje siente por el otro, simplemente es una característica más de la persona.

En la serie, Serena y sus amigas no tienen problema con la fluidez de género, de hecho esto nunca se presenta como un conflicto u obstáculo dentro de la trama. Reconozco que en un principio me parecían muy bizarras las Sailor Starlights, pero no lo asocié con algo malo, sino como algo desconocido para mí. No tardé en agarrarle el gusto a estos personajes, que tanto como hombres o como mujeres, siempre se mostraban segurxs de sí mismxs y pateaban muchos traseros.

Para este entonces la popularidad de Sailor Moon ya no era la misma que en un principio, y por lo mismo no recuerdo que fuera un tema de conversación en mi escuela. Ya había nuevas series japonesas que la gente seguía, como Dragon Ball Z y Ranma ½ (que curiosamente también involucraba cambios de sexo y llegó a ser tan popular que salía en los tazos de las papitas).

El tiempo ha demostrado que el legado de Sailor Moon es innegable, tanto así que es parte de la publicidad oficial de las olimpiadas Japón 2020. Tuvo un remake hace algunos años y la serie original fue retransmitida recientemente en televisión abierta (aunque lamentablemente ahora sí con censura). Mucha gente alrededor del mundo recuerda Sailor Mooncon gran nostalgia, especialmente la comunidad LGBT+, pues para muchos fue uno de los primeros acercamientos a la diversidad sexual y de género. La diversidad era parte de este mundo ficticio y los personajes LGBT+ participaban activamente tanto como héroes o villanos.

Sailor Moon ya es parte importante de la cultura popular

Hoy en día aún hay gente que le molesta la presencia de personajes gays, lesbianas o trans en los programas dirigidos al público infantil, pero yo agradezco que existan. Necesitamos trabajar en la verdadera inclusión de todas las personas en nuestra sociedad y los medios como el cine o la televisión son una gran herramienta para este fin. Sailor Moon con su doblaje latino lo pudo hacer hace más de 20 años, de manera orgánica y sin parecer un panfleto informativo. El público infantil merece programas de calidad que reflejen la realidad que vivimos.

Para mí Sailor Moon fue algo muy personal, era un secreto que disfrutaba pero no quería compartir por mis propios prejuicios. Como hombre gay me dio otros referentes de superhéroes y me hizo sentir parte de algo. Las personas LGBT+ podían ser buenos o malos, héroes y villanos; al final del día también eran personas con sueños y aspiraciones, dignas de ser amadas y respetadas. Además reforzó una idea muy importante en mí, por separado no puedes derrotar el mal, pero unidos, apoyándonos mutuamente y respetando las diferencias de los demás sí podemos salvar al mundo, con todo y traje de marinera.