Final Fantasy VII: redescubriendo un clásico

Mi primer acercamiento a Final Fantasy fue a través de la emulación de Super Nintendo cuando era un puberto de secundaria. No podía creer que podía jugar juegos en mi computadora de manera gratuita… y tal vez no tan legal. Busqué listas de los mejores títulos para la consola y me eché en muy poco tiempo el FFIV, FFV (fan translation) y el excelente FFVI. A mis 12 años quedé más que impresionado; junto con Chrono Trigger, estas eran verdaderas novelas de fantasía interactivas como no había visto antes.

En esa época había algo que me provocaba demasiada curiosidad: las discusiones en foros siempre mencionaban la séptima entrega, de 1997, como la mejor de todas. Como no tenía Playstation (yo era chico N64), tuve que recurrir de nuevo a la emulación y a un bondadoso amigo que me prestó los discos para poder jugar por fin FFVII. Efectivamente, este era el videojuego más ambicioso que había visto hasta ese entonces, por encima de Ocarina of Time o los otros RPGs de Square. Estaba maravillado; era una aventura épica que mezclaba fantasía y ciencia ficción (algo nuevo para la serie), personajes entrañables con personalidades complejas (los más importantes al menos), un soundtrack espectacular y un gameplay sumamente adictivo y personalizable.

Más de 23 años después de su lanzamiento y con un gran legado detrás de él—no por nada aparece Cloud en Smash Bros.—, hay que preguntarse, ¿qué tan bueno es realmente Final fantasy VII hoy en día? ¿El hype es real o solamente era un producto bueno para su tiempo? Acabo de terminarlo en Switch y puedo confirmar que sigue siendo una obra maestra, aunque su exterior anticuado no lo aparente. El juego comienza con un breve vistazo panorámico a la enorme ciudad de Midgar y un tease de Aeris (antes de usar la traducción correcta Aerith), para luego entrar de lleno a la acción con Cloud, Barret y los demás del grupo AVALANCHE en su misión de destruir el reactor de energía Mako. Esta introducción es ya tan icónica que fue replicada como demo de las gráficas del PS3 y aparece una versión similar en la precuela Crisis Core y finalmente de nuevo, obviamente, en el Remake.

1997 VS 2020. Cómo han cambiado los tiempos.

Dicen que de la vista nace el amor, así que hoy en día sería muy difícil que alguien se enamorara de estos humildes polígonos, los cuales no han envejecido tan elegantemente. Las versiones overworld de los personajes y la mayoría de los minijuegos se ven pésimos. Los escenarios pre-rendereados siguen siendo buenos en mi opinión, sin embargo los ports a nuevas consolas no han actualizado la resolución de estos (probablemente Square no conservó los archivos originales), así que se ven muy borrosos y contrastan terriblemente con los modelos, los cuales sí son HD aunque tengan pocos polígonos y texturas pobres. El resultado es una gran inconsistencia; los juegos de SNES son más agradables visualmente precisamente porque no tienen este problema.

A pesar de todo, después del shock inicial y recordando que este es un producto de 1997 en una de las primeras consolas con gráficos 3D, no puedo juzgarlo severamente por este aspecto. La imaginación y ambición, incluso comparado con videojuegos actuales, sobrepasan cualquier limitante visual. Incluso los monitos pequeños son tan abstractos que juegan a favor de la experiencia. Hoy en día, como en el caso del Remake, los gráficos pueden ser tan realistas, con personajes con voice acting y/o motion capture, que evocan más bien ver una película que leer una novela. Si alguna voz no es de tu agrado o hay algún momento extremadamente cringe, tu experiencia puede verse afectada negativamente. Jugar un RPG antiguo, donde tu avatar es híper-simple y los diálogos son leídos, requiere un uso activo de tu imaginación; algunas partes de la historia son tan ridículos que de manera realista no funcionarían tan bien.

Scott McCloud explica cómo la simplificación puede beneficiar la transmición de un mensaje

La trama de FFVII es un desmadre, pero uno divertido. Honestamente no recordaba que había tantos eventos, algunos sumamente disparatados: ataques terroristas por parte de ambientalistas, corporaciones malvadas que quieren acabar con los recursos del planeta sin importarle la humanidad, prostíbulos con trata de personas, una violación sugerida hacia Cloud (eran los 90 y esto se consideraba gracioso), experimentos científicos de clonación de seres extraterrestres, la inminente destrucción del planeta por un meteorito, la trágica muerte irreversible de un personaje principal (ya tan spoileado que es de cultura general), amensia y PTSD, un triángulo amoroso que genera debate aún hoy en día, un viaje al espacio y hasta un duelo a cachetadas estilo telenovela. Esto es parte de la ambición que he mencionado, el alcance de la aventura es enorme, tanto así que el Remake solo abarca alrededor del 15% de la historia del juego original.

Los personajes de cualquier Final Fantasy son uno de los grandes atractivos de cualquier entrega y en esta ocasión tenemos muchos que con el paso del tiempo se han vuelto icónicos, como Cloud, Sephiroth, Tifa, Aerith, Barret, Vincent, Red XIII y los Turks. Este juego marcó la primera vez que Tetsuya Nomura, antes de saltar a la fama como director de Kingdom Hearts, hiciera el diseño de personajes, aún sin consolidar su polarizante estilo de zippers, bolsillos y accesorios excesivos e innecesarios. Tal vez debido a las limitantes gráficas del momento, todos los personajes cuentan con diseños sencillos con personalidades interesantes y entretenidas (excepto la abominación de Cait Sith) que han perdurado a través del tiempo. Esta vez que volví a jugar, Tifa se convirtió en mi personaje favorito; a pesar de su pasado traumático sale adelante volviéndose más fuerte, pero sin perder su sencillez y su lado sensible. Es inolvidable el momento cuando sobrevive el intento de ejecución en Junon y es rescatada por sus amigos mientras suena la grandiosa “The Highwind Takes to the Skies” de fondo.

#Queen (y waifu de muchos)

Todos los soundtracks de la era dorada de Final Fantasy (IV al X) son excelentes, pero FFVII marca el comienzo de una mayor libertad creativa para Nobuo Ueamatsu, gracias a la mayor capacidad de memoria y el chip de sonido más avanzado del PSX. Aun así, este genio de la música optó por utilizar MIDI y crear un panorama sonoro distintivamente de videojuego, poniendo énfasis en las melodías de las canciones. “One Winged Angel” sobresale por utilizar voces digitalizades de un coro, contribuyendo a una memorable y épica batalla final.

El tema principal de batalla cumple su cometido, sin embargo después de escucharlo un millón de veces sí es cansado. En cambio, el rock progresivo del tema de los jefes “Still More Fighting” (también llamada a veces “Fight On!” o “Those Who Fight Further”) es perfectamente emocionante y pegajoso; a veces escojo el escenario de Midgar en el Smash para poder escucharla de nuevo. “J-E-N-O-V-A” y “The Birth of a God” también son temas de batalla perfectos que tristemente escuchamos pocas ocasiones (la segunda solo una vez).

“On that Day, Five Years Ago” es melancolía hecha música, recreando el sentimiento de Cloud sobre su memoria distante, difusa, confusa y triste. “Cosmo Canyon” y “Wutai” añaden un toque exótico al soundtrack, dotando de personalidad sus respectivas locaciones. Otro stand out es “Underneath the Rotting Pizza”, una delicia amenazantemente chill. Todo el soundtrack está en Spotify así que nadie tiene excusa para no conocerlo.

El tema principal, con orquesta en vivo, también es una joya.

Ya he hablado de la parte audiovisual y la presentación, ¿pero qué tal está el gameplay? Siguiendo la misma línea de los juegos pasados, hay cuatro maneras principales de interactuar con el mundo: el overworld, donde recorres los escenarios para hablar con gente, obtener información y comprar y administrar recursos; el mapa, donde te trasladas de un lugar a otro a través de distintos medios; las peleas a base a turnos; y los terribles minijuegos. Estos modos son simplemente una actualización de lo que ya existía en juegos pasados, pero un aspecto único de FFVII y es el sistema de Materia, el cual es particular a esta entrega y es una evolución de los limitados Espers del juego pasado.

Usar Materia permite a cada personaje utilizar estas esferas de energía para distintos fines como: equipar magia, agregar nuevos comandos de acción o añadir distintos efectos pasivos. Teóricamente puedes crear infinitas combinaciones y distintos builds para tu party, dándole mucho replay value al juego. Cada personaje cuenta con sus propios stats, limit breaks y armas personales, por lo que no son completamente homogéneos. Con suficiente cuidado puedes terminar muy overpowered, aunque también puedes limitarte para añadir mayor dificultad. El sistema puede llegar a ser muy adictivo, cambiar la Materia de un arma a otra y de personaje a personaje para crear nuevas estrategias involucra planear cuidadosamente, y es muy satisfactorio cuando tu combinación resulta tan poderosa como esperabas.

Si hay un aspecto que no me agrada del todo son los minijuegos, algunos de los cuales son extremadamente frustrantes. ¡Te odio, Golden Saucer! Si bien hay algunos muy inspirados como la persecución en motocicleta al escapar de Midgar o la estrategia de defensa de Fort Condor, la mayoría son monótonas pérdidas de tiempo. La cantidad de estas distracciones es ridícula y en algunas ocasiones son obligatorias para avanzar; casi aviento mi control durante la sección de stealth en el edificio de Shinra. Si no fuera por algunas guías que encontré en Youtube, probablemente no hubiera terminado nunca de criar Chocobos o recorrer por completo el Great Glacier.

No, gracias.

La primera vez que juegas FFVII debería ser sin ninguna guía, a menos que estés gravemente atorado, pero en un replay no veo nada de malo en aprovechar los apoyos que ya existen para encontrar la mayor cantidad de secretos, los cuales abundan en este juego y a veces son tan crípticos que sería imposible encontrarlos sin ayuda. Los ports de consolas actuales también cuentan con unos ajustes a la velocidad del juego y a los encuentros aleatorios, así como un incremento temporal de poder (este nunca lo utilicé). Honestamente—y que me perdonen los puristas—, recomendaría a todos jugar las versiones con estas opciones, ya que agilizan bastante algunas partes monótonas, como el clásico y tedioso grinding para subir de nivel o cuando simplemente quieres explorar sin ser fastidiado por una batalla cada diez pasos. Aunque hay que tener mucho cuidado, porque abusar de estos modificadores provocó varias veces que se me congelara el juego y perdí mi avance. Así que hay que grabar obsesivamente cada que se pueda.

Como un adulto con mayor apreciación del tiempo, tener estas opciones para agilizar el juego es increíble y solamente por eso recomendaría jugar un port actualizado en lugar del original (también aplica para VII y IX). Cuando jugué FFVII por primera vez en mi adolescencia recuerdo haber acumulados más de 60 horas de juego. En esta ocasión hice alrededor de 34, obteniendo incluso secretos que no hice la primera vez. Tener más opciones de accesibilidad siempre es bueno.

En 1997 jamás hubiéramos imaginado que podríamos jugar FFVII de manera portátil en una consola de Nintendo.

Estoy seguro que algún día jugaré la primera parte del Remake; he escuchado cosas buenas, y algunas malas, de él; pero debido al alcance de ese proyecto sospecho que podría convertirse en el siguiente A Song of Ice and Fire, una épica saga ambiciosa que parece que nunca tendrá fin. Por ahora, el Final Fantasy VII original se sostiene como una obra increíblemente bien lograda (sobre todo para su tiempo) y ha cimentado su lugar en la historia de los videojuegos con justa razón. Es una experiencia mágica incomparable, con una cantidad de contenido absurda y enorme personalización en el modo de juego. Los personajes y la historia, aunque muy revuelta, son muy memorables. Algunos de sus temas resuenan incluso más fuerte hoy en día, como el del capitalismo voraz que propicia la destrucción del planeta. Si no has jugado en mucho tiempo (o nunca) Final Fantasy VII, esta temporada de encierro y ocio es perfecta para recordar uno de los más grandes juegos de todos los tiempos.

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