Ana: retrato involuntario de una whitexican

Ana es una serie “cómica” sobre la actriz Ana de la Reguera, creada por ella misma e inspirada en su vida personal y profesional. En ella retrata los problemas y ansiedades que sufre cuando está a punto de cumplir cuarenta años. Así como producciones recientes como La casa de las flores o Cindy la regia, esta serie nos muestra problemas de gente privilegiada aderezados con temas presuntamente controversiales o transgresores para una sociedad mexicana conservadora. El resultado no es gracioso ni la (auto)crítica es lo suficientemente interesante para hacer de esta una serie recomendable, a menos que ver a la actriz fracasando en ser irreverente o mirar sexo lésbico light y masturbación femenina (¡con squirting!) sea suficiente para dejarte satisfecho.

La premisa de la serie es simple: Ana de la Regadera (sí, ese es su nombre en la ficción), quien vive entre CDMX y Los Angeles, es rechazada para el papel que anhelaba y con el cual pensaba triunfar como actriz latina en EUA. Esto la lleva a una especie de segunda adolescencia donde debe reencontrarse y redescubrirse a sí misma, dejando atrás los traumas de su crianza conservadora y expectativas para una mujer de su edad. El principal problema de la serie es que la protagonista es extremadamente antipática, incluso insufrible, y debemos estar con ella el 99% del tiempo. Su personaje está construido para ser un antihéroe estilo Fleabag, de la serie del mismo nombre, pero la ejecución es bastante artificial:

  • ¡Come comida chatarra y le encanta! Aunque sigue teniendo una figura muy delgada sin tener que hacer ejercicio.
  • ¡Fuma mariguana y es un desastre! Aunque ella siempre se ve impecable y su departamento y casa están siempre limpios y relucientes.
  • ¡Tiene tres (casi cuatro) amantes, y una es mujer! Parece que es tan cautivadora que puede ligarse a quien ella quiera sin esfuerzo.
  • ¡Es grosera y dice “verga”! Insulta a quien ella quiera y no pasa nada.

Todos estos aspectos de personalidad, en abstracto, podrían hacer un personaje entretenido y divertido, ya que la comedia y el drama surgen naturalmente de conflicto; pero no, el humor es tan forzado y básico (¡el papá le manda imágenes estilo Piolín por Whatsapp!) que termina siendo odioso. Después de casi cada situación “cómica” hay un mini montaje de imágenes chuscas que después de la segunda vez resulta francamente pretencioso. Casi cada episodio presenta también un número musical que parece insertado solamente para cubrir el tiempo necesario del capítulo, no avanzan la trama o muestran algún matiz emocional inesperado, estos son los momentos de cringe más grande de la serie.

En cuanto al drama, el guion no tiene ningún interés en crear una trama interesante o que las acciones de Ana tengan consecuencias. Al principio de la serie, la actriz parece estar en graves problemas económicos, por lo que supondríamos que el dinero será un gran problema porque no obtuvo el papel que buscaba. Pero nada de eso, después de diez episodios, ella sigue viajando constantemente y lleva su mismo estilo de vida sin sacrificios o restricciones. Se da el lujo de rechazar comerciales en México, incluyendo un protagónico de una serie, e incluso va a una clínica de reproducción para congelar sus óvulos, lo cual eventualmente descarta porque no quiere dejar de fumar mariguana.

Para ser una serie que pretende mostrar una mirada “auténtica” a la vida de la actriz, parece que ocurre en otra realidad, una donde una mujer inmadura, chiflada e ingrata puede conseguir lo que quiere sin esfuerzo. La cereza en el pastel ocurre en el final de la serie: Ana obtiene un papel, sin tener que hacer casting, pero lo rechaza justo antes de empezar las grabaciones por considerarlo indigno. ¿No leyó nunca el guion?. Lleva el documento a una calle debajo del letrero de HOLLYWOOD y orina sobre él, mientras se escucha un voiceover pretencioso sobre cómo hay que perderse primero para encontrarse a uno mismo.

Las inquietudes y miedos de una mujer que “ya pasó su punto de expiración”, como repite la madre de Ana, sí son material fresco para la televisión mexicana. El rol de la mujer mexicana adulta alejada de los estereotipos de género y la exploración sexual, sí son temas “tabú” en la sociedad y, en teoría, sería bueno que se abordaran en los medios, sobre todo bajo el control creativo femenino. Pero, desafortunadamente, las buenas intenciones no se traducen automáticamente en material de calidad. La relación lésbica de Ana con Chock (cringe) es una situación novedosa para el espectador mexicano promedio, pero termina dando pena ajena. La amante es una caricatura de una feminista que se avienta frases como “esto va a ser muy heteropatriarcal de mi parte”. Escritores mexicanos: decir frases o términos trendy como: “heteropatriarcado”, “neoburguesía” o “sistema opresor capitalista”, NO es un chiste en sí mismo y NO da risa.

Otro instante de temas de diversidad sexual desaprovechados es el del personaje de la hermana de Ana (interpretada por su verdadera hermana). Ella es un tipo de personaje que no vemos comúnmente en televisión: una mujer lesbiana con estilo butch. Su participación en la historia se limita a apoyar a Ana y aconsejarla cuando tiene problemas… y ya.

También hay una secuencia en un antro gay en Los Angeles que resulta gratuita y parece que solo fue incluida para marcar el checklist de cosas que resultarían controversiales para una señora católica. No entiendo cuál era el punto de la escena, tal vez presentar a Ana siendo idolatrada por la comunidad LGBT+ porque es una ex-actriz de telenovelas y esto apela a la gente gay (¿?).

De lo poco rescatable de la serie son los valores de producción, ya que es evidente que sí hay gente con talento detrás de cámara. La dirección del cineasta Carlos Carrera ayuda a levantar un poco el flojísimo guion y malas actuaciones, sobre todo los números musicales que son visualmente inspirados. Los insertos después de los chistes también aportan para crear un estilo único. Las escenas que simulan ser grabaciones antiguas en VHS también están bien logradas y ambientadas. Pero finalmente nada de esto es suficiente para salvar esta serie.

Echarte los 10 capítulos de Ana da la sensación de haber presenciado a Ana de la Reguera masturbándose: es ella congratulándose a sí misma por ser arriesgada y transgresora pero en realidad lo único que hizo fue darse placer a ella misma, perdí la cuenta de las veces que otros personajes la halagan por su belleza o por “defender” los derechos LGBT+. Tocar temas tabú de manera muy torpe se está convirtiendo ya en un cliché del cine y series mexicanas, que parece ser que esperan elogios y reconocimiento automático simplemente por poner en pantalla estas situaciones, sin la inteligencia para hacerlo de manera divertida o profunda. El toque whitexican, que dudo que sea consciente, hace aún más insufrible todo. Lo único que me deja pensando esta serie es si la verdadera Ana de la Reguera será igual de odiosa e inmadura que su personaje.

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