Como muchos niños creciendo en los 90’s, yo era un ávido consumidor de televisión, especialmente de caricaturas. Era súper fan de las Tortugas Ninja, Tiny Toons, Garfield y sus amigos, entre otros. Pedía a mis papás que me compraran juguetes, peluches, videojuegos e incluso piñatas de mis personajes favoritos.

También veía algunos anime cuando todavía no se utilizaba el término aquí. Notaba una diferencia en sensibilidades y tipos de historias que se contaban, con arcos narrativos más grandes y personajes más complejos comparados con la animación tradicional estadounidense. Los Caballeros del Zodiaco, en especial, me fascinaban. Todos los sábados estaba pegado a la pantalla esperando el siguiente capítulo de mi telenovela sangrienta. Cuando jugaba con mis primos, yo imaginaba que era Hyoga con sus poderes de hielo y armadura de cisne.

Shun reviviendo a un Hyoga congelado utilizando su calor corporal. Esta escena provoca reacciones homofóbicas en algunas personas.

Nadie quería ser Shun, el más afeminado y andrógino del grupo, con su armadura rosa y poderes mayormente de protección. Incluso hoy en día hay cierto desprecio hacia este personaje, siendo objeto de ridiculización en memes, al igual que Afrodita (otro personaje afeminado). Lo curioso es que dentro de la serie estos personajes nunca fueron objeta de burla por su manera de ser, la homofobia se presentaba fuera del televisor.

Sailor Moon llega a México

La “Disney” de Oriente, periodismo de primera

En 1996, se estrenó Sailor Moon en el programa sabatino infantil “Caritele” de TV Azteca. Después del icónico y surreal opening, quedé inmediatamente fascinado… y algo confundido de que me gustara tanto. El programa se presentaba como una serie dirigida al público infantil femenino. Su protagonista Serena (usaré los nombres y términos del doblaje latino) no encajaba en el molde tradicional de súper héroe. Era una niña llorona que le iba mal en la escuela y prefería jugar videojuegos y leer manga; pero eso sí, su empatía y cariño por las demás eran su gran virtud y al transformarse en Sailor Moon se convertía en la líder del grupo.

A pesar de que no iba intencionalmente dirigido hacia mí, no podía quitar mis ojos de la pantalla. Lo novedoso del programa (para estándares de los 90’s) era que las protagonistas eran todas mujeres, cada una con una personalidad claramente definida, poderes únicos y color característico. Particularmente me sentía identificado con Amy, una “nerd” preocupada por estudiar y obtener buenos resultados en la escuela. Era tímida y retraída, pero poseía un gran intelecto que era de gran ayuda para el grupo.

En mi primaria los niños no hablaban de Sailor Moon con el mismo entusiasmo que otras caricaturas. Algunos afirmaban que solo lo veían por las transformaciones donde presentaban sus siluetas desnudas. A mí también me fascinaban e hipnotizaban las transformaciones pero por otras razones: por el dinamismo de la animación, los colores, la música, los trajes, las poses. Como no quería ir en contra del pensamiento colectivo mejor afirmaba que veía la serie solo para ver “viejas encueradas”.

Sailor Moon fue un fenómeno mundial. Las niñas (y algunos niños) disfrutaban de una serie donde ellas también podían ser superhéroes y participar en historias donde no tenían que ser salvadas. La feminidad nunca era un obstáculo, al contrario, las Sailor Scouts asumían plenamente su feminidad sin intentar actuar como los héroes tradicionalmente masculinos. Precisamente esto último era lo que más resonaba conmigo, podías ser heróico y seguir siendo tú mismo, sin tener que fingir ser un macho. En su momento no podía verbalizar este pensamiento, así que seguía viendo el anime sin compartir mi gusto por él con nadie, por temor a ser ridiculizado. Yo mismo me limité en expresar mi gusto por la serie y a esa edad no tuve ninguna figura u otro tipo de merchandise que evidenciara mi fascinación con ella.

La primera temporada sufrió algunos cambios en su adaptación al doblaje latino. El guion tomó como referencia el doblaje estadounidense, el cual cambio algunos nombres de personajes o conceptos para hacerlo más accesible al público occidental. También borró la primera pareja homosexual de la serie. En japonés, los villanos Zoisite y Malachite eran dos hombres en una relación amorosa. En México, Zoisite fue doblado y mencionado como mujer y por ende estaba en una relación heterosexual. Probablemente nadie supo ni le importó este cambio, pues finalmente no afectaba en nada al entendimiento de la trama.

Sailor Scouts lesbianas

Power couple

La tercera temporada introdujo a los primeros personajes LGBT+ oficiales en el doblaje latino (tras la decisión de ya no seguir los cambios del guion gringo). Haruka y Michiru, Sailor Uranus y Neptune respectivamente, eran las nuevas Sailor Scouts, más maduras, mucho más poderosas, con un increíble tema musical y también eran lesbianas.

La primera interacción de Haruka con las demás chicas causa una gran confusión en el grupo de amigas. Haruka tenía una predilección por usar ropa masculina (incluso su uniforme escolar era el que usaban los hombres), su voz era grave, gustaba del motociclismo y los autos deportivos y se le veía comúnmente coqueteando con mujeres. Serena y Mina se sienten inicialmente atraídas por ella, pensando que es un chico guapo. Eventualmente descubren la verdad y quedan decepcionadas, aunque en episodios subsecuentes algunos personajes siguen remarcando que Haruka es muy guapa.

Michiru se presenta como una joven violinista profesional sofisticada, educada, reservada, muy inteligente y también muy femenina. Su relación con Sailor Uranus no se menciona explícitamente con la palabra “lesbianas”, sin embargo todos los personajes entienden que se aman la una a la otra. Nadie las juzga por ello, ni hacen burla de la masculinidad de Haruka. Al contrario, son respetadas y admiradas.

El anime, aun en su versión original, no muestra un beso entre la pareja o alguna mención explícita de su relación lésbica. Esto probablemente se deba a que Japón no es realmente muy gay-friendly y prefirieron autocensurarse en este aspecto. Sin embargo, momentos de ternura e intimidad entre ellas dejan claro el mensaje.

Así fue como en 1998, a mis 11 años, estuve expuesto a la primera pareja homosexual en una caricatura. Recuerdo sentirme muy intrigado por el concepto de dos mujeres que podían ser pareja y también heróicas y respetadas; donde su sexualidad o expresión de género no era motivo de exclusión. Al principio trabajaban en solitario por decisión propia, pues creían que eran las únicas responsables de salvar al mundo y que nadie entendería su misión, mas eventualmente se unieron al grupo de Sailor Moon y entre todas salvaron el día al final de la temporada.

Para la última temporada la pareja incluso forma una familia adoptando a Hotaru, una niña que es la reencarnación de Sailor Saturn. Además de Haruka y Michiru, Setsuna (Sailor Pluto) también participa como una tercera mamá.

Una familia diversa

Personalmente no recuerdo ningún tipo de controversia al respecto, tal vez porque había menos gente viéndola o simplemente porque los padres de familia o los medios no prestaban atención por ser algo para niñas. Y aún así yo sentía que ya no debñia de ver la serie. Estaba entrando en la pubertad y aceptar que veía una serie para niñas podría haber sido suicidio social. Yo ya era muy antisocial y no quería bajar más mi nula popularidad. Así que ver Sailor Moon se convirtió en un acto a puerta cerrada.

Sailor Scouts trans

Más diversidad

La quinta y última temporada de Sailor Moon trajo consigo un trío de personajes fuera de lo común para una serie infantil, las Sailor Starlights. Estados Unidos ni siquiera dobló esta temporada por no saber cómo manejarlas. Inicialmente se presentan como Seiya, Taiki y Yaten, unos chicos que conforman un grupo musical llamado Three Lights. Para combatir a los villanos, revelan su verdadera identidad como las Sailor Starlights, sus alter egos del sexo puesto. Sus secuencias de transformación mostraban cómo literalmente sus cuerpos masculinos se transformaban en femeninos. Al igual que Sailor Uranus y Neptune, las nuevas Sailor Scouts eran muy poderosas, inicialmente aisladas pero aún así heróicas y con un muy buen tema musical para rematar.

Aunque la dinámica entre las Sailor Scouts y las Starlights parece un refrito, hay una diferencia clave: Seiya, o Sailor Star Fighter, tiene una relación de amor no correspondido con Serena. Pero esta última no lo rechaza por su verdadera identidad, sino porque ya tiene novio. Y es aquí donde de nuevo se la expresión (y transición) de género no repercute en lo que un personaje siente por el otro, simplemente es una característica más de la persona.

En la serie, Serena y sus amigas no tienen problema con la fluidez de género, de hecho esto nunca se presenta como un conflicto u obstáculo dentro de la trama. Reconozco que en un principio me parecían muy bizarras las Sailor Starlights, pero no lo asocié con algo malo, sino como algo desconocido para mí. No tardé en agarrarle el gusto a estos personajes, que tanto como hombres o como mujeres, siempre se mostraban segurxs de sí mismxs y pateaban muchos traseros.

Para este entonces la popularidad de Sailor Moon ya no era la misma que en un principio, y por lo mismo no recuerdo que fuera un tema de conversación en mi escuela. Ya había nuevas series japonesas que la gente seguía, como Dragon Ball Z y Ranma ½ (que curiosamente también involucraba cambios de sexo y llegó a ser tan popular que salía en los tazos de las papitas).

El tiempo ha demostrado que el legado de Sailor Moon es innegable, tanto así que es parte de la publicidad oficial de las olimpiadas Japón 2020. Tuvo un remake hace algunos años y la serie original fue retransmitida recientemente en televisión abierta (aunque lamentablemente ahora sí con censura). Mucha gente alrededor del mundo recuerda Sailor Mooncon gran nostalgia, especialmente la comunidad LGBT+, pues para muchos fue uno de los primeros acercamientos a la diversidad sexual y de género. La diversidad era parte de este mundo ficticio y los personajes LGBT+ participaban activamente tanto como héroes o villanos.

Sailor Moon ya es parte importante de la cultura popular

Hoy en día aún hay gente que le molesta la presencia de personajes gays, lesbianas o trans en los programas dirigidos al público infantil, pero yo agradezco que existan. Necesitamos trabajar en la verdadera inclusión de todas las personas en nuestra sociedad y los medios como el cine o la televisión son una gran herramienta para este fin. Sailor Moon con su doblaje latino lo pudo hacer hace más de 20 años, de manera orgánica y sin parecer un panfleto informativo. El público infantil merece programas de calidad que reflejen la realidad que vivimos.

Para mí Sailor Moon fue algo muy personal, era un secreto que disfrutaba pero no quería compartir por mis propios prejuicios. Como hombre gay me dio otros referentes de superhéroes y me hizo sentir parte de algo. Las personas LGBT+ podían ser buenos o malos, héroes y villanos; al final del día también eran personas con sueños y aspiraciones, dignas de ser amadas y respetadas. Además reforzó una idea muy importante en mí, por separado no puedes derrotar el mal, pero unidos, apoyándonos mutuamente y respetando las diferencias de los demás sí podemos salvar al mundo, con todo y traje de marinera.

A few years back I worked with a small coffee company. They wanted me to make a short animation for their website, and since I didn’t want to use stock music (and I had enough time), I produced this track.

It’s simple enough but I think it works for the feeling I was going for.

I hope someday to get to record my personal music with real instruments; but for now, my laptop is my studio.

Is intelligence linked to happiness or lack thereof? Can greater knowledge of the world make us better persons? How much does emotional trauma from early in our life affect our present behavior?

Daniel Keyes tackled these themes (among others) poignantly in his 1966 novel Flowers for Algernon. I had learned from Reddit that the book is considered a classic, having multiple movie and TV adaptations, and even a Simpsons episode inspired by it (HOMR). After reading the book, I can say that it is trully a (science fiction) masterpiece.

The premise is quite fascinating: an intelectually disabled man called Charlie Gordon is the first human subject of a scientific experiment that enhances his IQ to that of a super genius. The story follows his personal journey, written in his own journal entries, recording the joy and pain of gaining self-awareness of the world around him.

Charlie starts out as a pretty simple-minded man. He works at a bakery and attends to special education classes for adults to improve himself. After being recommended by his teacher, he is chosen as the first subject of an intelligence enhancing procedure, previously succesful with Algernon, a common lab mouse.

Keyes masterfully takes us inside Charlie’s mind through the use of journal entries, justified in the story as part of the records needed to document the effects of the procedure on the individual. Charlie starts out with a pretty bad writing, resembling that of a kid, but by the time the experiment’s effects sink in, he now has a wide vocabulary and precise writing to express his emotions.

And this is where his emotional conflict begins. Charlie now has access to a wide arrange of knowledge, including the capacity to form thoughts and give name to emotions and events from his past. He recalls the times he was abused by his family for not being a normal boy, the bullying he suffered at work, and even the ethics of using a human being, who cannot give well-reasoned consent, as an object of scientific study. All this takes a toll on his mental and emotional state, morphing his previously naive demeanor into a bitter, self-absorbed one.

Halfway through the story, Charlie falls in love with a woman and his sexual needs flourish too. He is totally unprepared for this and cannot form a mature relationship with her. Later on, he has to confront his family (who had estranged him) and is overwhelmed by the emotions that come back to him. Even with all the knowledge in the world, he doesn’t have the emotional tools to handle these kinds of interactions and situations. Charlie thought his intelligence would be enough to thrive in the world, but he soon realizes it’s not enough.

This, to me, is the most well realised part of the novel. Keyes makes us live as Charlie as he tries to make sense of a cruel and difficult world. Charlie reflects on how times used to be simpler, how he didn’t have to worry about thinking too much, and how rapidly he forgot the wrong done to him, even cruelty. Basically, how many of us, as adults, recall our childhood.

When Algernon’s intelligence begins to decline, Charlie knows his time will come too, and the result is heartbreaking.

I would greatly encourage anyone and especially people who don’t read science fiction to try this book.

P.D. I had pet mice when I was younger and reading about dying mice adds an extra layer of sadness to the story.